La sonrisa es mía, pero el motivo eres tú

Incluso cuando no estás alrededor.

Me haces sonreír, y a veces es así de simple

Estoy harto de complicar las cosas. Estoy cansado de tratar de convertir el amor en algo que pueda agarrar entre las yemas de los dedos. Odio tener que preocuparme tanto por lo que es correcto, o lo que tiene sentido, o lo que debo hacer, o a quién debo amar.

Contigo, no se trata de esas cosas.

No se trata de si esto tendrá sentido o si es un sentimiento para siempre. No se trata de tener todas las respuestas. No se trata de saber en quién nos convertiremos o a dónde iremos antes de que hayamos empezado.

Siempre he sido el tipo de chica a la que le gusta saber, a la que le gusta planear, a la que le gusta ver el mundo dispuesto frente a ella y hacer un mapa de los primeros pasos.

Pero contigo es diferente.

No se trata de contar los días o calcular la probabilidad de que estemos perfectamente contentos donde estamos. No se trata de medir nuestro afecto, de ver si un día se transforma en amor. No se trata de tener este camino predeterminado en el que estos sentimientos nos guiarán.

Me haces sonreír. Y a veces es así de simple.

Cuando te miro, veo mil historias grabadas en tu cráneo. Veo recuerdos; veo risas. Veo la persona que has sido, la persona que quiero descubrir. Y siento un millón de cosas que quiero decirte, bailando como rocas pop en la punta de mi lengua.

Cuando hablas, me encuentro reflexionando sobre tus palabras, como si fueran extrañas y extrañas, como si estuviera escuchando el dulce y dulzón sonido de otro idioma. Cuando sonríes, siento mi corazón hincharse, grueso y orgulloso en mi pecho, pulsando a través de las puntas de mis dedos como si estuviera ardiendo por dentro.

Cuando te miro, no sé en qué nos convertiremos.
Pero eso no importa realmente.

Lo que sé es que cada vez que nuestros ojos se encuentran y tus labios se curvan hacia arriba, siento ese brillo inexplicable, esa fuerza inconmensurable, ese coraje indefinible para volver a enamorarme, sin importar cuántas veces me haya caído.

No tienes todas las respuestas. No eres un santo ni mi salvador. Hay tantas maneras en las que no estarás a la altura de los estándares del mundo. Eres imperfecta y demasiado ruidosa y ya has ocupado demasiado espacio en mi corazón.

Pero me haces ver el mundo bajo una luz diferente. Haces que mi cabeza gire en círculos. Haces que las comisuras de mi boca se vuelvan hacia arriba y se queden congeladas, una constancia que nunca he experimentado.

Me haces sonreír.
Haces que el mundo sea más brillante.

Me haces creer en cosas como para siempre y en la felicidad con esa sonrisa tuya. Y no, no tengo todas las respuestas de dónde estaremos dentro de días, meses, años o quiénes seremos.

Todo lo que sé es que me haces sonreír.
Y yo seguiré sonriendo.

La sonrisa es mía, pero el motivo eres tú
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